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El amor: La ilusión momentánea de que no estamos solos

¿En qué momento se transformó un sentimiento en una rutina diaria del querer? ¿Por qué debemos amar igual que el resto de la comunidad? Amor y filosofía.

Mecanizar un sentimiento es un acto social y conlleva un sinfín de esquemas e instrucciones en donde se refleja la voluntad de alcanzarlo. Dicho de otra manera, como el sentimiento es algo imperfecto y totalmente irregular no persigue una dirección lineal y absoluta, es más, se escapa a lo común, a lo que debería ser.

Justamente, hay sentimientos que modifican el estado de ánimo de las personas, generan malestar, alegrías y muchas veces acciones no tan pensadas. Podemos afirmar que, sentimentalmente hablando, sería imposible entonces buscar una relación con la automatización de los sentimientos con una estructura dada como la de imponer que, por ejemplo, se llore los jueves de lluvia o se ame incondicionalmente por la eternidad.

La obligatoriedad del sentimiento se introdujo de tal manera que amar a un otro se ha vuelto imprescindible, al punto de no poder conseguirlo sería trágico

¿En qué momento se transformó un sentimiento en una rutina diaria del querer? ¿Por qué dos personas que mantienen un mismo vínculo sentimental deberían actuar de la misma manera o similar que el resto de la comunidad?.

Hace mucho tiempo, precisamente en el 530 A.C., un pensador conocido como Parménides habló de la obligatoriedad de no corromper los sentimientos en su libro “On Nature”: “Los vínculos humanos no están pactados de ningún modo y la atracción es un vínculo imperfecto, a modo de que la diversidad es una obligatoriedad y tratar de cercenar es una equivocación”.

La obligatoriedad del sentimiento se introdujo de tal manera que amar a un otro se ha vuelto imprescindible, al punto de no poder conseguirlo sería trágico. Es cuando entonces se hace presente la peligrosidad de aquel mandato social de que uno debe encontrar al “amor de su vida” y con esto, dejar de lado otras experiencias.

Considero que es necesario poder equivocarse con los sentimientos hacia los otros porque al primero que hay que querer es a uno mismo. Eso vale doble.

No existen profesionales en este oficio porque todos somos eternos estudiantes de cómo querer a alguien. Quizás está ahí el secreto. El querer sin prestar mucha atención al método.

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