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Entre redes y construcciones

¿Será porque en nuestra sociedad de consumo las redes sociales nos mercantilizan y ansiamos ser comprados a través de unos cuantos likes?

POR AYLÍN GIMÉNEZ Y LUCIANO CRESPI.

Están los que fotografían incesantemente su propio cuerpo y su propio rostro de forma más o menos sensual. Quiénes no pierden oportunidad para fotografiar su plato de comida, su taza de café, su juego de mate, y hasta la cara de su mascota.

También están quienes contextualizan su entorno, un paisaje, un museo, una fiesta, pero siempre imponiéndose uno mismo como centro de la escena.

¿Será porque en nuestra sociedad de consumo las redes sociales nos mercantilizan y ansiamos ser comprados a través de unos cuantos likes? ¿Será que buscamos cumplir -explícita o implícitamente- con los cánones de belleza, moda y popularidad establecidos? o, ¿será nuestra cultura audiovisual la que promueve el desarrollo de personalidades narcisistas pendientes de la imagen?

Plantearse ésto nos ayuda a entender, cuestionar y reflexionar cuán importante es la mirada del otro en nuestras vidas.

Como seres sociales que somos, necesitamos de la interacción y vinculación con este otro. ¿Es por eso que buscamos constantemente ser reconocidos? ¿Qué precio pagamos por la aceptación social? ¿Cómo nos condiciona esta mirada para formar una imagen e identidad que se ajuste a los parámetros establecidos?

Hablamos de personas que buscan constantemente formar su imagen en base a gustos e intereses que creen propios pero que no son más que construcciones de modelos perfectos o idealizados socialmente.

El psicólogo Andrés Lasso dijo: “La gente intenta mostrar un tipo de vida ideal que muchas veces no es para nada real y se crea esa falsa ilusión de que la vida es cómo las redes sociales proyectan”.

Entonces, formamos nuestra imagen recortando aquello que consideramos adecuado para exponer pero, ¿qué pasa con aquello que no se muestra? ¿se recorta y descarta? ¿no existe o en realidad no queremos que lo vean?.

Podríamos decir que vivimos acomodando nuestra vida para exhibir sólo la parte que nos gusta o, mejor dicho, la parte que le gusta a los demás. Buscando esa aceptación externa que nos ayude a enfrentar nuestra falta de aceptación personal.

Las interacciones virtuales aumentan de forma inversamente proporcional a las relaciones entre personas de carne y hueso. Ignoramos que la posibilidad de conectarnos con más gente a través de estas plataformas que nos subsume cada vez más en nuestra soledad. ¿O no es común ver grupos de amigos, parejas o familias en una misma mesa pero absortos en sus teléfonos inteligentes?.

Estamos frente a un fenómeno global pero ilusorio. Nos tomamos tan en serio el juego de las apariencias que terminamos creyendo nuestra propia ficción. Nos enamoramos de una imagen acotada y tergiversada que reproduce construcciones estéticas y sociales ligadas al éxito, la felicidad y la belleza. Sucede nuevamente la leyenda de Narciso, pero no debemos olvidar, que enamorada de su reflejo en el agua, intentó besarlo y murió ahogado.

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