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¿Qué es ganar en el Fútbol argentino?

No vivimos en un país cualquiera respecto a este deporte pero, ¿es mejor meter un gol frente a un mejor rendimiento?

En el fútbol argentino encontramos muchas opiniones sobre cómo lograr el éxito deportivo o, mejor dicho, sobre a qué nos referimos cuando llamamos éxito en este juego.

Entre todas estas opiniones hay una que pareciera haber logrado cierto nivel de hegemonía en los medios de comunicación desde hace muchos años y que se trasladó con fuerza a las discusiones de todas las mesas del país: el único horizonte que vale la pena perseguir es el triunfo. Es decir, si no se gana un partido el resultado es un fracaso con todas las letras.

Para el exitismo nacional, el equipo de Vélez en 2009 frente a Huracán, dirigido por Ángel Cappa, resulta mucho más trascendental porque al fin y al cabo metieron un gol - aunque con una falta alevosa no cobrada por el árbitro Gabriel Brazenas-.

En ese momento, varios de los periodistas deportivos que durante todo el año habían elogiado el juego planteado por Cappa, comentaron que no había sido suficiente por no haber conseguido lo único que importa: el triunfo.

Mientras todo el honor y el mérito se lo llevó un equipo que jugó peor y que marcó la diferencia ilícitamente, condenaron al olvido a quienes con poco presupuesto formaron juveniles que llegaron a la Selección Argentina y lograron un juego colectivo histórico que le valió el apodo de “Tiki-Tiki”.

Es necesario aclarar que no vivimos en un país cualquiera con respecto al fútbol. En Argentina, los resultados futbolísticos determinan el ánimo de muchas personas porque es imposible negar que en un país donde la clase política, la economía, las empresas, los bancos y otros poderes han decepcionado –y deteriorado- a su población en incontables ocasiones, resulta más satisfactorio darle entidad a ese deporte. Meter un gol más que el rival es pura felicidad. Meter uno menos es tristeza. El precio a pagar es menor y la pasión oculta la opresión.

Es en este escenario donde la búsqueda del éxito deportivo como único horizonte toma gravedad. Considero que es dañino decir que de 20 equipos que hay en un torneo, uno sólo es exitoso y 19 son fracasados. Y, sobretodo, cuando para lograr ser victorioso cualquier cosa está permitida: desde mandar a esconder las pelotas, simular ser golpeado por el rival o hacer la polémica picardía de distracción de Gonzalo Jara a Edinson Cavani en la Copa América 2015.

El triunfo muchas veces depende del azar, de la aleatoriedad o de factores fuera de nuestro alcance. Si no ponemos el énfasis en la calidad por sobre el resultado, considero que estamos condenados a la miseria. Es en este sentido que reflexiono en la necesidad de poder sentirnos orgullosos frente a las buenas jugadas. Más precisamente, con respecto a la Selección Argentina. Deberíamos priorizar que el equipo juegue bien más allá del resultado. Deberíamos sentirnos orgullosos de dar lo mejor de nosotros.

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