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Un sold out en tiempos de crisis

Iron Maiden desembarcará en el estadio Vélez Sarsfield en el marco de la gira mundial 'Legacy of the Beast' en octubre.

POR JUAN MANUEL GUARINO.

El próximo 12 de octubre, Iron Maiden se presentará en nuestro país por onceava vez en el estadio Vélez Sarsfield en el marco de su gira “The Legacy of the Beast” (El Legado de la Bestia).

Hace algunos días, Move Concerts -la productora encargada de traer a la banda al país- confirmó la noticia de que las localidades se agotaron completamente para la venta al público más allá de aquellas que ahora se ofrecen para sortear por parte de los auspiciantes del evento.

Lo cierto es que este sold out repentino sorprendió tanto a propios como a ajenos. Resulta indiscutible el hecho de que Iron Maiden cuenta con una inmensa base de fans en Argentina y que en el pasado no tuvieron problemas para reventar las capacidades del Estadio de Vélez Sarsfield o el Mario Alberto Kempes de Córdoba o el mismísimo Estadio de River Plate en 2013.

Sin embargo, la realidad socio-económica del país hoy en día es muy distinta a la que imperaba durante las visitas previas de la banda británica. Sin entrar en cuestiones técnicas de análisis macroeconómico, la realidad es que debido a los procesos devaluatorios por los que pasó la moneda argentina en estos últimos tiempos, hoy por hoy es un lujo permitirse pagar una entrada para asisitr a un evento de estas magnitudes.

De hecho, hasta hace poco más de un mes atrás, el rumor corría entre los que somos fans de la banda y estamos metidos en este tipo de movidas, era el de que la venta de entradas para el show venía bastante lenta si bien se empezaron a vender en noviembre del año pasado. Ni siquiera pareció que ayudara el intento de apurar al público con la “venta por fases”, es decir, sosteniendo el precio de las entradas por un tiempo y aumentarlo a partir de una fecha determinada.

Quizás alguien advirtió que esa misma práctica realizada hace más de un año con Ozzy Osbourne resultó en trasladar su show del Estadio de GEBA al Estadio de Obras al aire libre recortando unos diez mil tickets.

Es entendible que las productoras quieran recuperar lo invertido en traer un espectáculo al país que, como todo evento con bandas extranjeras, el cachet se paga en dólares y por adelantado. Pero también se debe comprender que en épocas de crisis el público en general comienza a priorizar sus gastos y lamentablemente, un espectáculo de rock no encabeza la lista de sus necesidades primarias.

No obstante, un suceso paralelo resultó llamativo: durante los primeros días de agosto, Metallica, la banda heavy más convocante de todas, anunció su visita a la Argentina para el próximo abril y en cuestión de horas se agotaron todas las entradas de la pre-venta (algo más de 35.000 tickets). Entonces, ¿cómo es la cuestión? ¿la crisis del país impacta o no en el bolsillo del metalero argentino?.

Si bien tanto Iron Maiden como Metallica pertenecen a la bolsa que engloba un mismo estilo musical -Rock Pesado o Heavy Metal, sin entrar en distinciones de géneros y sub-géneros dentro del estilo-, la composición de su público es muy distinta. Pese a que ambas bandas llenan estadios de fútbol, Metallica siempre estuvo más cerca del mainstream que Iron Maiden gozando de una difusión mucho más amplia en las principales cadenas del mundo y acercándolos a un público por fuera del espectro metalero. Y, por más irrisorio que suene a simple vista, el producto Metallica difiere bastante del producto Iron Maiden.

Es por eso que este sold-out de Iron Maiden no deja de ser sorpresivo en los tiempos que corren. Mirándolo desde una perspectiva de fan, es muy satisfactorio saber que el recinto estará colmado hasta al tope lo cual ya genera una expectativa de lo que se vivirá el próximo 12 de octubre.

Posiblemente será una fiesta sobre todo para quienes esperamos con mucha ansiedad esta nueva visita de La Doncella de Hierro ya que, como puede apreciarse en las fechas que ya hicieron por Europa y Estados Unidos, la banda viene desplegando un espectáculo audiovisual de proporciones monumentales, desempolvando varios clásicos de su extenso repertorio acompañándolo con una puesta en escena que promete quedar grabada en la mente y en los corazones de todos aquellos que tengan la posibilidad de ser testigos.

Es cierto que un espectáculo no resuelve los problemas cotidianos de nadie pero pese a la difícil situación que estamos atravesando, permitirse una alegría entre tantas pálidas no es poca cosa. Sobre todo si esa alegría se da cuando uno tiene la posibilidad de experimentar esa sensación única que es tener ante sí a los artistas que hacen con sus canciones nuestro día a día más llevadero; a los que ejecutan en vivo ésas composiciones que de alguna u otra forma nos marcaron; a los que nos activan en algún rincón del alma esa nostalgia que hace que prioricemos pagar por ir a ver a unos tipos que personalmente ni nos conocen pero que establecen una relación tan entrañable; y a los que reúnen a miles en un mismo sitio para compartir la misma pasión.

Nada de todo eso, es poca cosa. Y, en épocas de crisis, adquieren más valor.

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